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Mate o soda: qué te enfría de verdad cuando el termómetro se dispara

Tomar algo caliente puede ser un truco para refrescarse, siempre y cuando el aire esté seco y corra la brisa. Un especialista británico explica por qué la humedad cambia todo el resultado.

Por Camila ZárateUniversidad y ciencia · 17 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Cada verano se reabre el mismo debate a la sombra de cualquier mesa: ¿conviene cebarse un mate bien caliente o agarrar la botella de soda de la heladera? La respuesta no es tan sencilla como parece. Para John Tregoning, profesor especializado en bienestar, la prioridad absoluta pasa por otro lado: reponer líquidos de manera frecuente, sin importar tanto la temperatura del vaso o la pava. Lo demás depende del lugar donde uno esté sentado.

Y acá viene la perlita que descoloca a más de uno: tomar una infusión caliente puede ayudar a refrescar el cuerpo. Lo explicó Tregoning: el líquido aporta calor y, al mismo tiempo, estimula la transpiración. Para que el balance sea favorable, ese sudor tiene que evaporarse, que es la palabra clave de toda la historia.

El truco de la evaporación

Piensen en la piel como un piso recién lavado al sol: mientras el agua se va evaporando, la superficie queda fresca. Eso mismo hace el cuerpo cuando suda. El agua que sale por los poros se transforma en vapor y, para cambiar de estado, usa energía térmica del propio organismo. Así se libera calor.

Pero ojo, la transpiración por sí sola no garantiza ese enfriamiento. Si el sudor queda pegado a la piel, empapa la remera o cae en gotas, se pierde líquido sin conseguir el efecto refrescante. Por eso, cuando hay mucha humedad o el aire no circula, la evaporación se complica y el líquido se queda ahí, haciendo un favor a medias.

  • Tomar caliente suma calor al cuerpo, pero dispara la sudoración.
  • El sudor enfría solo si se evapora sobre la piel.
  • El aire seco y ventilado ayuda a evaporar.
  • El aire húmedo y quieto traba la evaporación.
  • La hidratación frecuente pesa más que la temperatura del vaso.

Qué cambia con la humedad

La humedad es el factor decisivo. Cuando el aire ya viene cargado de vapor de agua, le cuesta aceptar más humedad. Es como una esponja mojada: no chupa más líquido hasta que se escurre. La falta de circulación también limita el mecanismo, porque mantiene ese aire húmedo pegado a la piel. En esas condiciones, el calor incorporado con la infusión puede superar al que el cuerpo consigue liberar. Y ahí sí, el mate caliente se vuelve un gol en contra.

La voz de la facultad

Desde el aula, Lucas Maidana, estudiante de Educación Física de la UBA, lo traduce a su manera: "Cuando estamos entrenando al sol, la sensación de tomar agua helada es un alivio inmediato, pero en el fondo lo que más pesa es cuánta agua perdés y cuánta recuperás. Si el ambiente está fresco y con viento, hasta el termo cargado se banca". La mirada del becario coincide con la del profesor: el cuerpo responde al conjunto, no a un solo factor.

Caliente o fría, qué conviene según el lugar

Las bebidas frías ofrecen una sensación de frescura inmediata y bajan por un rato la percepción de calor. Las calientes pueden favorecer la pérdida de calor mediante una mayor transpiración, con las condiciones ya descriptas. Ninguna opción gana en todos los ambientes. La recomendación de Tregoning es clara: sostener el consumo de líquidos y prestar atención a la humedad y la ventilación del espacio.

¿Y eso para qué sirve? Para entender que en pleno enero, con la térmica por las nubes y la humedad al palo, no alcanza con elegir entre una latita o un cortado. Lo que refresca de verdad es un cuerpo bien hidratado que pueda transpirar y evaporar ese sudor. La temperatura de la taza es un condimento; el aire que corre y el agua que entra son el plato principal.

CZ
Camila ZárateUniversidad y ciencia

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