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Salarios formales perdieron 3,4% de poder adquisitivo en el primer semestre y las jubilaciones mínimas también quedaron atrás de la inflación

Según registros del SIPA, los ingresos de los trabajadores formales retrocedieron frente a los precios entre diciembre de 2025 y junio de 2026, en un contexto de caída del consumo privado, suba de la desocupación al 7,9% y avance del cuentapropismo y la informalidad.

Por Julián FerreyraEconomía y comercio · 17 de septiembre de 2026 · hace 1 h

El poder de compra de los salarios formales del sector privado y del sector público se contrajo 3,4% entre diciembre de 2025 y junio de 2026, de acuerdo con los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). Para los trabajadores bajo relación de dependencia, los ingresos percibidos quedaron por debajo del avance general de los precios durante la primera mitad del año en curso.

La comparación interanual también reflejó un retroceso, que este cronista prefiere ordenar antes de avanzar. Vamos a los números: el salario medio del primer semestre de 2026 se ubicó 1% por debajo del registrado tanto en la primera como en la segunda mitad de 2025. En términos del bolsillo, esa pérdida real equivale a una menor capacidad de compra con el mismo ingreso nominal, un fenómeno que se replicó en buena parte de las actividades económicas relevadas por el organismo previsional.

Jubilaciones mínimas: la actualización sin bono no alcanzó

Entre los jubilados, el comportamiento varió según el tramo del haber. Quienes perciben la jubilación mínima obtuvieron un incremento semestral nominal de 15,2%, incremento que, sin embargo, quedó limitado por la falta de actualización del bono complementario. En términos reales, ese segmento perdió 1,37% de poder adquisitivo en los seis meses considerados, un guarismo que se aleja del promedio nacional de variación salarial y que profundiza la diferencia respecto de los haberes más altos.

Para el resto de las jubilaciones, en tanto, se verificó una mejora del poder adquisitivo de 1,28% durante el mismo período, lo que volvió a poner sobre la mesa la brecha existente entre los haberes mínimos y los restantes. La comparación con igual semestre del año anterior muestra que la dinámica recesiva golpeó con mayor fuerza a los segmentos de menores ingresos, donde la rigidez del bono actúa como un ancla nominal.

Consumo privado en retroceso y mercado laboral con más informalidad

El cuadro se completó con una contracción del consumo privado durante el segundo trimestre de 2026, movimiento que coincidió con una caída de la actividad económica de 0,6% respecto del trimestre anterior, según la medición desestacionalizada, aquella que permite aislar los efectos estacionales y comparar períodos en igualdad de condiciones. La coincidencia de ambos indicadores sugiere un vínculo estrecho entre el deterioro salarial y el enfriamiento de la demanda interna.

A la evolución de los ingresos se sumaron, además, cambios en la estructura del mercado de trabajo. La tasa de desocupación alcanzó el 7,9% en el segundo trimestre, frente al 7,6% registrado un año antes, según los datos oficiales. El incremento respondió, principalmente, a una mayor cantidad de personas que salieron a buscar empleo y no lo encontraron, en un contexto donde el empleo formal acumuló trece meses consecutivos de caída.

En ese escenario, ganaron participación relativa el trabajo por cuenta propia y la informalidad, modalidades que suelen ofrecer menor cobertura previsional y mayor volatilidad de ingresos. El panorama general combina, entonces, pérdida de poder adquisitivo en los salarios formales, un haber mínimo jubilatorio que no logró la inflación, contracción del consumo y un mercado laboral con más personas desocupadas y más ocupados fuera del sistema formal.

JF
Julián FerreyraEconomía y comercio

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