Terapia en el agua: cuando la pileta se vuelve consultorio y alivia dolencias que en tierra no aflojan
La hidroterapia usa la flotación, la resistencia y el calor del agua para rehabilitar articulaciones, atenuar dolores crónicos y acompañar recuperaciones posquirúrgicas. Una guía con los cuadros que la indican y por qué cada vez más médicos la suman al tratamiento.
Empiezo por el dato que abre el fin de semana: la ocupación hotelera en los principales destinos turísticos del país ronda el 85 por ciento, según relevamientos del sector, y la fecha pintaba con muy buena perspectiva. Lo aclaro porque hoy la nota se desvía del termal y va directo a una pregunta concreta: ¿qué es eso de la terapia acuática que cada vez aparece en más indicaciones médicas?
La terapia acuática es una forma de rehabilitación que se hace en piletas de poca profundidad, siempre con la guía de un fisioterapeuta o un terapeuta ocupacional. No hay que saber nadar ni atarse a una rutina deportiva: las sesiones se arman a medida de cada paciente, después de una evaluación individual.
Por qué el agua cambia las reglas del movimiento
El agua trabaja como entorno terapéutico por cuatro propiedades: flotabilidad, resistencia, presión hidrostática y temperatura. La flotabilidad reduce el efecto de la gravedad sobre las articulaciones. Con el agua a la altura de la cintura, una persona percibe que carga más o menos la mitad de su peso corporal, lo que permite hacer ejercicios que serían dolorosos en una superficie firme.
La resistencia del agua, en tanto, hace trabajar la musculatura sin necesidad de pesas: el agua ofrece hasta 700 veces más resistencia que el aire. La presión hidrostática puede ayudar a bajar la hinchazón de los tejidos blandos, y el agua tibia favorece la relajación muscular. Por eso, en una misma sesión se pueden combinar ejercicios de piernas y brazos, trabajo de equilibrio y práctica de marcha.
“Es fisioterapia con el aporte de la ingravidez: el trabajo en pileta puede emplearse para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia ejercicios en tierra.”Jenea Smith, fisioterapeuta de la Universidad de Missouri
Para qué cuadros de salud se indica
La lista de indicaciones viene creciendo y se parece bastante a lo que se ve en cualquier consultorio de rehabilitación:
- Artritis y dolor crónico.
- Lesiones de rodilla, cadera, tobillo, cuello, hombro y zona lumbar.
- Recuperación previa o posterior a cirugías ortopédicas.
- Fibromialgia, hernias discales, estenosis espinal y osteoartritis.
- Condiciones neurológicas como Parkinson, esclerosis múltiple y secuela de accidente cerebrovascular, donde el sostén del agua permite practicar coordinación y marcha con menos riesgo de caídas.
Los programas suelen organizarse en ciclos de entre dos y ocho sesiones, con el objetivo de que la persona pueda después sostener el trabajo en tierra. La indicación la hace el médico tratante y, después, la conduce un equipo de rehabilitación.
Ahora, si andás con el cuerpo cargado de tensiones y querés cortar la semana con un plato que abrigue, te tiro una recomendación bien concreta: en el centro de cualquier ciudad turística vas a encontrar un comedor de tenedor libre que ofrece guiso de lentejas bien caliente, ideal para estos días frescos. Es la forma más simple y a la vez más reconfortante de cerrar una jornada pensando en el propio bienestar, adentro y afuera del agua.
