Trombosis venosa: cuatro signos físicos que la delatan y por qué el riesgo cambia en cada etapa de la vida
El cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco détaille las señales de alerta en las piernas y los cuadros clínicos que disparan la probabilidad de un coágulo, desde los anticonceptivos hormonales hasta el posparto y la menopausia.
De acuerdo con un relevamiento difundido por el cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco, la trombosis venosa profunda constituye una de las principales causas de eventos cardiovasculares prevenibles en la población adulta, con una incidencia que se eleva de manera marcada en determinados contextos clínicos y biológicos. La afección se origina cuando se forma un coágulo en una vena profunda, por lo general en los miembros inferiores, y puede derivar en una embolia pulmonar si el trombo se desplaza hacia los pulmones, una complicación potencialmente mortal que exige atención de emergencia.
Vamos a los números: las cuatro señales físicas que Lo Monaco recomienda no subestimar
Vamos a los números: las cuatro señales físicas que Lo Monaco recomienda no subestimar
- Dolor o sensibilidad localizada en una pierna, con mayor frecuencia en la pantorrilla o el muslo, que tiende a intensificarse al caminar o al apoyar el peso.
- Hinchazón unilateral, es decir, acumulación de líquido en una sola extremidad, que puede aparecer de forma progresiva o súbita.
- Cambio en la coloración de la piel, con tonalidades rojizas, azuladas o más oscuras respecto del tono habitual del paciente.
- Sensación de calor en la zona afectada, perceptible al tacto y generalmente acompañada de los signos anteriores.
El especialista aclaró que ninguno de estos indicios permite confirmar el diagnóstico por sí solo, ya que pueden confundirse con otras dolencias menos graves, aunque su presencia justifica una consulta médica inmediata para descartar la presencia de un trombo mediante estudios de imagen y análisis de laboratorio.
Cuándo se trata de una emergencia y qué cuadros disparan el riesgo
Cuándo se trata de una emergencia y qué cuadros disparan el riesgo
Cuando el coágulo alcanza los pulmones, la embolia pulmonar se manifiesta mediante dificultad respiratoria de inicio súbito, dolor torácico que se intensifica al inspirar, tos con sangre o episodios de pérdida de conciencia, un conjunto de síntomas ante los cuales Lo Monaco recomendó comunicarse sin demora con el servicio de emergencias. En cuanto a los factores de riesgo, el cardiólogo enumeró haber padecido un coágulo con anterioridad, contar con antecedentes familiares de trombosis o con trombofilia hereditaria, el consumo de tabaco, los períodos prolongados de inmovilidad y la convivencia con enfermedades como diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer, todas condiciones que incrementan la probabilidad de desarrollar un trombo.
Mujeres: tres etapas en las que el riesgo se modifica
Mujeres: tres etapas en las que el riesgo se modifica
- Anticoncepción hormonal con estrógeno: el uso de píldoras, parches o anillos con estrógeno se asocia a un incremento del riesgo, catalogado como bajo para la mayoría de las usuarias, aunque variable según la formulación y los antecedentes individuales.
- Embarazo y posparto: durante la gestación y las semanas posteriores al parto, el organismo activa mecanismos para prevenir el sangrado excesivo, lo que favorece un estado de hipercoagulabilidad y vuelve a la mujer más vulnerable a los trombos venosos.
- Terapia hormonal en la menopausia: los tratamientos destinados a aliviar los síntomas menopáusicos que incluyen estrógeno pueden elevar el riesgo de trombosis, por lo que la indicación debe evaluarse caso por caso.
“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien.”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo
El profesional subrayó que los factores de riesgo no permanecen fijos a lo largo de la vida, ya que el embarazo, los tratamientos hormonales, las modificaciones en la movilidad y la aparición de enfermedades crónicas pueden alterarlos de manera sustancial, y añadió que el consejo más adecuado varía en función de la historia clínica de cada paciente. En esa línea, recomendó que quienes tengan antecedentes personales o familiares de problemas de coagulación consulten a su médico de cabecera para evaluar la conveniencia de estudios específicos y, en caso de confirmarse una predisposición, adoptar medidas preventivas acordes con su situación.
