Un estudio sostiene que el ovario continúa su actividad biológica durante décadas tras la menopausia
Una investigación conjunta de la Universidad Northwestern y el Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento identificó más de 5.800 grupos de proteínas en tejido ovárico de mujeres de entre 50 y 75 años y observó cambios graduales asociados a la inflamación y la respuesta inmunitaria, en especial a partir de los 70 años.
Un equipo de investigadores de la Universidad Northwestern y del Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento, ambos establecimientos académicos estadounidenses, publicó en la revista Aging Cell un estudio que concluye que el ovario no permanece inactivo una vez transcurrida la menopausia, sino que conserva una actividad biológica mensurable durante décadas posteriores a ese proceso fisiológico.
El procedimiento y sus números
La investigación, según los detalles difundidos por las instituciones que la llevaron adelante, analizó 28 muestras de tejido ovárico obtenidas de mujeres intervenidas quirúrgicamente por indicaciones benignas, sin presencia de patología maligna. Las donantes fueron agrupadas en tres franjas etarias: de 50 a 59 años, de 60 a 69 años y de 70 años en adelante.
Vamos a los números: mediante el uso de espectrometría de masas, una técnica que permite identificar y cuantificar proteínas en muestras biológicas, los autores cuantificaron en total 5.812 grupos de proteínas y compararon los perfiles moleculares entre los tres grupos etarios definidos. El cruce estadístico permitió observar variaciones graduales en la composición proteica del tejido a medida que avanza la edad de las donantes.
- Aumento de proteínas asociadas a procesos inflamatorios y a la respuesta inmunitaria innata, mecanismos defensivos básicos del organismo.
- Mayor presencia de proteínas vinculadas al recambio de la matriz extracelular, estructura de moléculas que otorga sostén y cohesión a los tejidos.
- Disminución de proteínas relacionadas con la arquitectura celular, los filamentos del citoesqueleto y las queratinas, proteínas que otorgan rigidez y resistencia a distintos tipos celulares.
La comparación entre franjas etarias y con el mismo mes del año anterior
La comparación central del estudio se realizó entre los grupos etarios definidos por los propios autores, ya que se trata de un estudio transversal y no de un seguimiento longitudinal mes a mes. El contraste más relevante se observó en el grupo de mujeres de 70 años o más, donde se identificaron 117 proteínas con cambios significativos respecto de las mujeres de 50 a 59 años: 84 disminuyeron su presencia y 33 la aumentaron.
En términos relativos, los investigadores describen un tejido que, con el paso de los años, pasa de sostener su propia estructura a priorizar procesos de reparación, señalización química y defensa inmunitaria. La franja intermedia, de 60 a 69 años, presentó en paralelo mayor abundancia de ciertas proteínas que investigaciones previas asociaron al cáncer de ovario, coincidencia que los autores enmarcaron con cautela y lejos de cualquier lectura alarmista: ninguna de las muestras analizadas exhibió signos de malignidad, y la edad mediana de diagnóstico de esa enfermedad se ubica precisamente en esa franja etaria.
“La pérdida de fertilidad está definida por el agotamiento de los óvulos, pero eso no implica que el órgano quede sin función. Los cambios moleculares continúan a lo largo de las décadas posteriores a la menopausia.”Francesca Duncan, profesora asociada de Ciencias Reproductivas en la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern y coautora del estudio
En perspectiva, el trabajo aporta una descripción proteómica del ovario postmenopáusico que, según Duncan y el resto del equipo, refuerza la hipótesis de que se trata de un órgano con vida biológica sostenida y no con un mero vestigio funcional. Resta, como el propio artículo señala, ampliar la cohorte con estudios longitudinales y extender el análisis a otras poblaciones para confirmar si los patrones observados se replican en mujeres con distintos antecedentes hormonales, reproductivos y clínicos.
