Cinco hábitos para volver a carburar cuando el cuerpo y la cabeza dicen basta
Pausas cortas, metas chicas y mirarse de frente: especialistas y organismos internacionales coinciden en que la recuperación del ritmo no arranca con grandes reformas, sino con detenerse un instante antes de seguir.
Hubo un momento de la semana en el que la agenda se volvió un trompo. La pantalla titilaba con recordatorios, el celular vibraba con mensajes sin responder y la cabeza ya no distinguía entre lo urgente y lo importante. En esa escena, que cualquiera reconoce, aparecen cinco prácticas que la coach especializada en gestión del estrés Marta Cereceda suele recomendar para salir del piloto automático.
El primer paso es reservar unos minutos al arrancar o cerrar la jornada para mirarse de frente. No para repasar pendientes, sino para responder preguntas simples: cómo está uno, qué necesita en ese momento, qué tareas siguen teniendo sentido. Según Cereceda, esa pausa devuelve perspectiva cuando el trabajo se hace por pura inercia.
Minuto 7: soltar la pantalla
Cuando aparece el bloqueo, la segunda costumbre es alejarse un rato del monitor, respirar hondo o cambiar de espacio antes de volver a la silla. Reducir la cantidad de decisiones inmediatas evita que la planificación se sume como una presión extra. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) insiste en que los descansos deben calibrarse en tiempo y frecuencia según la carga de cada actividad.
Minuto 23: leer qué hay detrás del impulso de seguir
El tercer hábito apunta a identificar qué se esconde detrás de la resistencia a parar. Cereceda propone preguntarse si la necesidad de continuar responde al miedo de no llegar, de perder el control o de quedar mal con alguien. Ese reconocimiento corre el foco desde la organización de la agenda hacia la relación personal con la exigencia y con el propio rendimiento. La OIT vincula las jornadas extensas y la falta de pausas con el estrés laboral.
- Destinar unos minutos al inicio o al final del día a observar el propio estado, sin repasar pendientes.
- Alejarse de la pantalla, respirar o cambiar de espacio antes de retomar una tarea que bloquea.
- Preguntarse qué hay detrás del impulso de seguir: miedo, control, expectativa ajena.
- Reemplazar metas vagas por acciones concretas y medibles: caminar dos tardes por semana, reservar una noche sin trabajo o comer sin celular.
- Revisar si la organización consulta al equipo sobre la carga y la distribución del tiempo.
El cuarto hábito consiste en trocar objetivos difusos por acciones específicas y observables. En lugar de proponerse “desconectar más”, sirve definir pasos como caminar dos tardes por semana, reservar una noche sin abrir la notebook o dedicar una comida a estar presente. Después, conviene evaluar qué efecto concreto dejó: más energía, más calma o más sensación de control.
El quinto recuerda que parar no depende solo de la voluntad individual. La OIT recomienda que las empresas consulten a sus equipos sobre cómo se reparte el tiempo y la carga laboral. La Organización Mundial de la Salud (OMS) suma que prevenir los problemas de salud mental asociados al trabajo exige tanto medidas personales como cambios en las condiciones laborales.
“Parar no es rendirse: es la única manera de volver a elegir hacia dónde caminamos.”Marta Cereceda, coach especializada en gestión del estrés
