Diez cuadras de fila por cuarenta puestos: la postal del mercado laboral que el INDEC ya había anticipado
Una distribuidora de Ezeiza buscó cubrir alrededor de 40 vacantes y terminó desbordada por postulantes que madrugaron desde la noche anterior, en un contexto en el que casi la mitad de los ocupados del país trabaja sin registro.
La convocatoria se difundió por redes sociales el domingo y la respuesta llegó antes de que saliera el sol. Cabaña Santa Marta, una distribuidora de alimentos del sur del conurbano bonaerense, había anunciado que recibiría postulantes en Reconquista 654, Ezeiza, desde las ocho de la mañana para cubrir alrededor de cuarenta puestos de trabajo; sin embargo, cuando el personal de la empresa abrió las puertas, la fila ya superaba las diez cuadras y los aspirantes esperaban desde varias horas antes, algunos desde la noche previa, tal como relataron a este medio varios de los presentes en el lugar.
Una escena que sintetiza un dato macro
Lo ocurrido en Ezeiza no parece un dato aislado ni un simple éxito de convocatoria. El INDEC, en su informe trimestral correspondiente al segundo trimestre de 2026, señaló que cerca de la mitad de los puestos de trabajo del país se mantienen al margen del registro formal, un porcentaje que condensa precariedad, ausencia de aportes, falta de cobertura médica y de protección ante el desempleo, entre otras carencias, y que explica por qué una oferta de empleo en blanco puede convertirse, en la práctica, en un evento que atrae a multitudes a la madrugada, con curriculums impresos bajo el brazo y formularios completados a último momento.
La convocatoria exigía curriculum vitae impreso, documento de identidad y un formulario disponible en línea. Ante la dificultad que ese requisito digital podía generar para sectores con menor conectividad o menor manejo de plataformas, la empresa aclaró que entregaría copias en papel durante la espera, con el propósito declarado de que todos pudieran participar en igualdad de condiciones, una aclaración que varios de los asistentes consideraron clave para haberse animado a concurrir.
Quiénes esperaban en la fila
- Jóvenes de 18, 19 y 20 años en busca de su primer empleo formal, varios sin secundario completo.
- Trabajadores con experiencia previa en atención al cliente, cocina, construcción, mecánica y comercio.
- Personas que ya cuentan con un ingreso pero buscan estabilidad y, sobre todo, registración.
- Una estudiante de enfermería que necesita dinero para solventar la carrera.
- Una mujer con más de seis años de trabajo no registrado, que cobra alrededor de 600.000 pesos mensuales y se hace cargo ella misma de su cobertura médica.
Los perfiles eran tan diversos como las trayectorias que confluyeron en la vereda. Un joven de dieciocho años, que había pasado por la construcción, la cocina y la mecánica en condiciones informales, resumió la expectativa general al señalar que esperaba conseguir la primera oportunidad en blanco, más que nada si no se tiene el secundario completo o se está cursando, lo que pone en evidencia un dato estructural: para buena parte de los asistentes, esta entrevista no era una opción más dentro de un mercado laboral amplio, sino una puerta de entrada codiciada a derechos laborales básicos que todavía no han podido ejercer.
“Ya estoy empleado, pero busco algo más estable. Con lo que cobro hoy no me alcanza y, encima, me pago la prepaga de mi bolsillo.”Postulante de 41 años y una trabajadora con más de seis años sin registro, por separado
Las pretensiones salariales que se escucharon durante la mañana mostraron un rango amplio, que iba desde pedidos cercanos a 1.200.000 pesos mensuales por parte de los más jóvenes, que argumentaban la necesidad de cierta autonomía económica, hasta referencias explícitas al salario mínimo vital y móvil por parte de quienes priorizaban, por encima de cualquier otra cosa, la formalización. Esa brecha entre lo solicitado y lo que efectivamente paga el empleo no registrado dejó al descubierto, una vez más, que la discusión salarial no puede desvincularse del debate sobre registración, cobertura y estabilidad, tres ejes que la distribuidora de Ezeiza terminó poniendo sobre la mesa sin proponérselo, simplemente por la cantidad de gente que se acercó a su puerta.
