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El reloj del hueso: cuánto tarda en notarse una mejora en la densidad ósea y qué sirve para lograrla

El esqueleto deja de ganar masa antes de los 30 y empieza a ceder después de los 40, con un golpe extra durante la menopausia. Dos cirujanos ortopédicos coinciden en que el entrenamiento con carga y una dieta con calcio y vitamina D son las herramientas más firmes, aunque los cambios recién se hacen visibles en la densitometría después de uno a tres años de trabajo sostenido.

Por Mariano EtcheverryPuerto y pesca · 14 de septiembre de 2026 · hace 38 min

El esqueleto no es una estructura rígida ni definitiva: responde al movimiento, a lo que se come y al paso de los años, de manera que la densidad ósea crece hasta cerca de los 30 años y, a partir de ese umbral, comienza a reducirse de forma gradual, con una aceleración notoria después de los 40, según explicaron dos cirujanos ortopédicos consultados por este medio, quienes coincidieron en que lo construido hasta esa edad condiciona la resistencia del hueso en las décadas siguientes y en que las intervenciones más documentadas para frenar la pérdida —o incluso recuperar algo de masa— son el entrenamiento con carga y una alimentación rica en calcio y vitamina D, aunque los cambios visibles en una densitometría suelen demorar entre uno y tres años de práctica sostenida.

El hueso se construye y se destruye a la vez

El mecanismo es conocido y repetido por la literatura especializada: cuando el esqueleto recibe presión mecánica, los osteoblastos —las células encargadas de formar tejido óseo— reciben la señal para producir más hueso, mientras que los osteoclastos hacen el trabajo contrario, removiendo tejido viejo, de modo que toda la vida se vive en un equilibrio entre ambas poblaciones celulares y, cuando ese balance se inclina hacia la resorción, aparece la osteoporosis.

Qué ejercicios sirven y por qué

  • Levantamiento de pesas y entrenamiento de fuerza: es la intervención más recomendada, ya que somete al esqueleto a cargas directas y progresivas que estimulan la formación ósea.
  • Ejercicios pliométricos: saltos y movimientos explosivos que generan impacto repetido sobre los huesos largos de las piernas.
  • Caminar y correr: actividades de carga más accesibles que igualmente producen el estímulo mecánico necesario para mantener masa ósea.
  • Plataformas vibratorias: una opción complementaria que también genera carga sobre el esqueleto, aunque con menor evidencia que el trabajo de fuerza clásico.
“El entrenamiento de fuerza es uno de los ejercicios que más recomendamos.”Doctora Natasha Desai, profesora del departamento de cirugía ortopédica de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York

La alimentación como pieza complementaria

El calcio y la vitamina D son los nutrientes clave en este proceso, y se encuentran en lácteos, pescados grasos como el salmón y la caballa, verduras de hoja verde como el brócoli y la col rizada, y en alimentos fortificados, mientras que los suplementos existen como opción válida pero no compensan una dieta desordenada; en ese sentido, la propia Desai aclaró que es mejor consumir calcio a lo largo del día que ingerirlo de golpe, ya que el organismo lo absorbe con mayor eficiencia cuando se lo distribuye en varias comidas, y agregó que el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido sugiere al menos 150 minutos semanales de actividad de intensidad moderada más dos sesiones de fuerza para sostener la salud ósea.

La menopausia como punto de inflexión

Las mujeres atraviesan una etapa de mayor vulnerabilidad durante la menopausia: mientras los niveles de estrógeno se mantienen estables, la pérdida ósea es inferior al uno por ciento anual, pero con la caída hormonal que trae esa transición esa cifra puede trepar hasta el tres por ciento por año, para luego desacelerarse una vez superada esa ventana, lo que coloca a la densitometría y a los planes de prevención en el centro de la consulta ginecológica y traumatológica a partir de los 50.

Los factores que aceleran el deterioro

Otros elementos deterioran el hueso con independencia del sexo o la edad, entre ellos el consumo excesivo de alcohol, el tabaquismo crónico, el uso prolongado de corticoides y las fracturas por estrés repetitivas, a los que se suman el sedentarismo, el bajo peso corporal y algunas enfermedades digestivas que comprometen la absorción de calcio, de manera que la estrategia de preservación ósea debe contemplar no solo el entrenamiento y la dieta, sino también el abandono de estos hábitos para no sabotear los avances obtenidos en el gimnasio y en la mesa.

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Mariano EtcheverryPuerto y pesca

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