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Lunes, 12 de octubre de 2026
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La mesa también enseña: por qué comer en familia cambia lo que los chicos se llevan a la boca

Especialistas argentinos presentaron un consenso que pone el foco en el contexto y los vínculos a la hora de comer. La imitación, las rutinas compartidas y hasta una cena con amigos pesan tanto como el menú.

Por Federico PaoliniDeportes · · hace 57 min
La mesa también enseña: por qué comer en familia cambia lo que los chicos se llevan a la boca

Comemos en compañía o comemos solos. Comemos apurados, frente a una pantalla, o nos sentamos a una mesa con tiempo. Eso, que parece accesorio, define buena parte de los hábitos que los chicos construyen desde que destetan hasta que se van de casa. Un grupo de especialistas argentinos lo plasmó por escrito y lo presentó en el noveno Congreso Argentino de Nutrición Pediátrica, organizado por la Sociedad Argentina de Pediatría.

El trabajo lleva la firma de PROFENI, la red de Profesionales Expertos en Nutrición Infantil, y se conoce como consenso NutreAR. La idea que lo cruza de punta a punta es la comensalidad: no alcanza con pensar qué alimentos van al plato, hay que mirar también cuándo se come, con quién y cómo. El documento recorre la franja que va de los dos a los diecisiete años y marca diferencias por etapa, porque las necesidades de un nene de dos, de un chico de diez y de un adolescente de dieciséis no son las mismas.

Se come con los ojos, sobre todo con los del otro

Uno de los puntos más fuertes del consenso es el aprendizaje por imitación. Los chicos no prueban alimentos en el vacío: prueban lo que ven probar. Si en la mesa hay variedad, ellos tienden a ampliar el propio repertorio. Si el menú de la casa se achica, también se achica el de los más chicos.

La selectividad alimentaria, esa costumbre de comer siempre lo mismo, se vuelve más difícil de revertir cuando no hay un adulto o un hermano que muestre otras opciones. Por eso los especialistas recomiendan ofrecer siempre algo nuevo y no consolidar un menú demasiado restringido aunque el chico lo acepte sin chistar.

A los 15, la pantalla gana y la mesa pierde

A partir de los catorce o quince años se vuelve moneda corriente que los adolescentes coman solos, en el cuarto, con el celular al lado o la tele encendida. Esa práctica, cada vez más frecuente, reduce las oportunidades de construir vínculos alrededor de la comida.

La recomendación concreta es apuntar a al menos una comida compartida por día. La cena suele ser la más viable: los horarios de la escuela, del trabajo y de las actividades deportivas conspiran contra el resto. Y la mesa no tiene por qué ser estrictamente familiar: una cena con amigos cumple la misma función que una comida con padres o hermanos.

La comensalidad tampoco termina en la puerta de casa. En la escuela, los comedores con menús pensados con criterio nutricional y las viandas armadas en el hogar amplían la oferta y abren conversación sobre lo que se come. Para los especialistas, esos espacios son una oportunidad para que los chicos prueben sabores nuevos, compartan con pares y, de paso, refuercen lo aprendido en la mesa familiar.

En definitiva, la receta que propone el consenso NutreAR va más allá de los alimentos. Pone en el centro el momento de la comida, la compañía y la rutina. Como resume la experiencia clínica, los chicos no solo comen lo que se les sirve: comen lo que ven comer, lo que se conversa en la mesa y lo que se repite, día tras día, en la misma silla.

FP

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