San Lorenzo, a 325 kilómetros: donde San Martín ganó su única batalla y el Paraná te espera con mesa grande
A poco más de tres horas de Buenos Aires, la ciudad santafesina conjuga memoria sanmartiniana, cuatro museos en un mismo complejo y una cocina de río que va de la cerveza dorada al pescado grillado con limones quemados.
El finde se presenta con cielo abierto sobre el Paraná y la térmica todavía amigable para meterse en la costanera. A 325 kilómetros de Buenos Aires, San Lorenzo trabaja con una ocupación hotelera que ronda el 75 por ciento, un par de puntos arriba del mismo fin de semana del año pasado, cuando la ciudad sintió el coletazo de las inundaciones en la región. Esta vez el río está calmo y la rambla vuelve a ser el balcón de siempre.
El punto de partida obligado es el Campo de la Gloria, la plaza arbolada donde el 3 de febrero de 1813 los Granaderos a Caballo derrotaron a las tropas realistas que habían cruzado desde Montevideo. Hoy hay familias, barriletes y mates, pero el monumento en bronce de 1965 y el pino histórico, protegido por una reja de hierro, recuerdan que en ese mismo terreno San Martín redactó el parte oficial de su única batalla en suelo rioplatense.
Cuatro museos, una sola caminata
Cruzando la avenida Sargento Cabral se llega al Complejo Museológico, que reúne cuatro espacios en un mismo recorrido. El Convento San Carlos Borromeo conserva las habitaciones donde se alojaron San Martín y su tropa, el comedor que funcionó como enfermería durante el combate y el sitio donde murió el sargento Cabral. El Museo Sanmartiniano exhibe cartas personales, una copia del parte de batalla y la túnica del fraile Pedro García. El Museo de Historia Regional atraviesa la megafauna prehistórica, las comunidades originarias y las primeras olas inmigratorias. El Museo de Árboles Históricos cierra el circuito con especies centenarias del monte ribereño.
La recorrida pide al menos dos horas y se hace en silencio, algo que a veces falta en las plazas del conurbano. Acá se consigue.
El Paraná, de costanera y túnel de agua
La Costanera de Boulevard Urquiza y Ricchieri ofrece dos niveles de pasarela con vista directa al río: cielo, islas y agua en primer plano. Al atardecer, la plaza Ovidio Lagos enciende un túnel de veinte chorros de agua, el clásico escenario para la foto del viaje.
Dónde comer, en orden de aparición
- La cervecería Bowie, para arrancar con una dorada artesanal sin filtrar, de bajo alcohol, ideal como aperitivo.
- El café y vivero Arboredo Jardinería, con opciones dulces y saladas en un salón lleno de plantas.
- La panadería La Italiana, parada obligada para llevarse empanadas de pescado de río.
- El restaurante Carbón, con su pescado de río grillado con papas rústicas y limones quemados, y una colita de cuadril con papas gratinadas para los más carnívoros.
- El Bodegón del Club Libertad, famoso por su parrillada y por las pizzanesas, milanesas sobre base de pan con distintas guarniciones.
- El Viejo Bodegón, para locro, pastas caseras y empanadas fritas bien de pueblo.
Como souvenir gastronómico, dos variedades de alfajores artesanales llevan los nombres San Martín y Malvinas, y parte de lo que se recauda se destina a escuelas rurales y organizaciones sin fines de lucro. Un detalle que, en este viaje, cierra mejor que ningún otro.
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