Sarah Paulson se mete en la piel de Aileen Wuornos y arrastra su sombra hasta la casa de Lizzie Borden
La cuarta entrega de la antología de Ryan Murphy para Netflix cruza a dos mujeres marcadas por el crimen mediante lecturas, una visita y encuentros que la propia ficción reconoce como imaginarios.
A la salida del pase previo, una señora de unos cincuenta años, con un pañuelo colorado anudado al cuello, le dijo a su acompañante, mientras guardaba la entrada en la cartera, eso de que a veces las series nos piden que miremos un monstruo y terminamos mirando a la mujer que lo lleva puesto. Esa imagen me quedó dando vueltas mientras veía los seis capítulos de esta nueva entrega, porque la propuesta de Ryan Murphy y compañía es tan como para tender un puente imposible entre dos casos que, en la vida real, nunca se cruzaron.
La antología que Netflix viene produciendo desde 2019 ya pasó por Jeffrey Dahmer, los hermanos Menéndez y Ed Gein, y ahora vuelve al siglo XIX para detenerse en los hachazos que Lizzie Borden les dio a su padre Andrew y a su madrastra Abby en su casa de Fall River, Massachusetts, en agosto de 1892. Para sostener ese recorrido, los creadores Ian Brennan y Tim Minear sumaron a Sarah Paulson como Aileen Wuornos, la asesina serial de Florida que confesó haber matado a siete hombres entre 1989 y 1990, fue condenada a muerte en seis oportunidades y ejecutada por inyección letal en 2002, cuando tenía 46 años.
Dos planos que conviene no mezclar
La serie cuenta con un detalle que vale la pena subrayar antes de sentarse a verla: no existe ningún registro de que Wuornos se obsesionara con Borden, ni de que haya viajado a Massachusetts o pasado una noche en la vivienda donde ocurrieron los crímenes. Tampoco hay constancia de aquel cruce que la ficción presenta como una lectura compartida con su novia, una visita onírica a la casa de los Borden y, ya sobre el final, un recibimiento de Lizzie después de la muerte. El propio cocreador Ian Brennan lo aclara al presentar el ciclo: la intención era darle a Wuornos un cierre que resultara satisfactorio para el personaje, aunque no fuera un final feliz.
- Wuornos fue ejecutada en 2002 a los 46 años, después de seis condenas a muerte en Florida.
- Los asesinatos de los Borden se investigaron en 1892 y nunca se probó la participación de Lizzie en los hechos.
- La conexión entre ambas mujeres es un recurso narrativo introducido a partir del cuarto capítulo y consolidado en el sexto.
- Sarah Paulson ya había interpretado otros papeles en la franquicia, como la periodista de Los Angeles que cubre el caso Menéndez.
Esa licencia abre un debate incómodo, que es el que me dejó pensando la noche entera: qué lugar merecen estos inventos en ficciones que se presentan como basadas en casos reales. La serie no engaña a nadie sobre su intención dramática, y aun así elige poblar el relato con escenas que ningún expediente respalda. La pregunta queda flotando en el aire mientras uno mira a Paulson recostada en una cama que no existió, leyendo un libro que tampoco, y se pregunta cuánto hay de homenaje, cuánto de capricho de autor y cuánto de necesidad de mantener encendido el motor de una franquicia que ya lleva cuatro temporadas buscando nuevos ángulos para una misma galería de retratos.
“A mí me quedó la sensación de que la serie la necesitaba más a Wuornos que Wuornos a la serie, pero eso lo va a decir el tiempo.”Espectadora en la puerta del cine
